Espero que con este post y los dos que faltan puedas
estar en disposición de percatarte que lo que nos explican, políticos y medios
de comunicación, es una milonga. Empecemos por lo ya descrito en España al
borde del abismo. Averigua lo que no te explican donde quedaba acreditado que
los bancos y sus primos las cajas de ahorro una vez que agotaron los depósitos
de los clientes en su loca carrera por conseguir mayor tamaño se lanzaron
frenéticamente a financiarse a través de cédulas hipotecárias que adquirían
bancos extranjeros. La codicia de los banqueros desactivo el mecanismo que
mantenía vinculado el bono o cédula con un bien real –el inmueble garantía del
préstamo- que se sustituyó por la solvencia del banco o caja que emitía el
bono. Así, los bonos dejaron de tener respaldo con las hipotecas concedidas. A
partir de ese momento los bancos se endeudaron hasta la estratosfera. Podíamos
decir que se han pasado tres pueblos, los préstamos hipotecários están a largo
plazo y los vencimientos de los bonos a corto plazo con tan solo meses por
delante. Una vez que el cuento de la lechera ha llegado a su fin y todas las
elucubraciones de lo fantástico que iba a ser un crecimiento sin límites está
desparramado en el suelo y para mayor desgracia los males no vienen solos. El
sistema de la reserva fraccionaria se ha derrumbado. Vamos a entrar en materia
de un asunto paranormal de cómo los bancos crean dinero de la nada. Muy
interesante, el tipo que lo implantó se le tiene que reconocer su ingenio.
Como de costumbre trataré de explicar el ingenioso
invento de forma y manera muy simplificada y dejaré para el final una
reiteración más completa para aquellos que puedan estar más interesados.
Empecemos, el sistema de reserva fraccionaria es el que permite a las entidades
financieras dedicar a inversiones y préstamos el dinero que sus clientes
depositan en sus cuentas corrientes. Hasta aquí nada nuevo, los bancos están
obligados únicamente a mantener una fracción de los mismos a modo de reservas
mínimas para atender las disposiciones de efectivo de sus depositantes. Esta
fracción, simbolizada en porcentaje, es la que se conoce, en el ámbito
bancario, como coeficiente de caja, es decir el líquido obligado.En la zona
euro el Banco Central Europeo fija la liquidez en el 2%. Empecemos por aclarar
el concepto de liquidez: es la mayor o menor facilidad que tiene el tenedor de
un título o un activo para transformarlo en dinero en cualquier momento. Pero
también es el volumen de dinero que corre por el circuito en un momento
determinado. Aquí se inicia el magma del milagro: el encaje bancario es un
porcentaje de recursos que deben mantener congelados los intermediarios
financieros que reciben captaciones del público, como reservas para cubrir los
reintegros de fondos por parte de sus clientes. Estos fondos pueden ser
mantenidos en efectivo en sus cajas o en sus cuentas en el Banco Central
Europeo. Además de la reserva de orden legal, impuestas por el banco central,
también existen las reservas de orden técnico que son parte de los depósitos
que la propia entidad decide mantener para su seguridad y liquidez, pero esto
es harina de otro costal. Volvamos al encaje bancario.
El porcentaje de encaje bancario no es el mismo para
todos los tipos de depósito (cuentas de ahorros, cuentas corrientes, cuentas a
plazo, etc.) varía, dependiendo de la mayor o menor liquidez que tenga el
depósito. Por ejemplo, es más alto el encaje en las cuentas corrientes que los
demás tipos de depósitos, por la disponibilidad inmediata que requieren los
bancos para responder a estas cuentas, lo que no ocurre con el dinero que se
encuentra invertido en las cuentas de ahorros a plazo. También el banco central
puede utilizar el encaje indirectamente para aumentar o disminuir la cantidad
de dinero que circula en la economía. Por ejemplo, cuando el encaje sube, las
entidades financieras cuentan con menos dinero para prestar, porque deben dejar
un porcentaje mayor en sus reservas. Por el contrario, cuando el banco central
baja los porcentajes de los encajes, permite que los bancos, tengan más dinero
disponible para prestar al público, y por lo tanto la cantidad de dinero en
circulación aumenta.
Podríamos decir que el “encaje bancario” es el pan del
conocido milagro de los panes y los peces. Conozcamos ahora un pez llamado “efecto
multiplicador”. Entre los dos: pan y pez el milagro celestial se empequeñece al
llegar a la orbita bancaria. Técnicamente se denomina a la diferencia que se
origina entre la base monetaria y la oferta monetaria. El efecto multiplicador
se puede explicar por el proceso de creación de dinero dentro del sistema
bancario. Este proceso no es más que la capacidad adicional de préstamos que
reciben los bancos por los depósitos de los clientes tanto en cuentas
corrientes como en plazo fijo. Esta rotación de depósitos de los clientes que
se transforman en prestamos a otros clientes se traduce en la generación de un
volumen de moneda anotadas en cuenta efectivamente mucho mayor que su valor
inicial, produciendo un aumento de la liquidez de la economía, por lo que se le
considera como creación de dinero. Vamos a aclarar este asunto.
Atención, en este párrafo está el quid de la cuestión. En
la aritmética bancaria dos más dos no suman cuatro, si conviene puede ser
cuarenta, diez veces más. Para muestra un botón. La base monetaria, que según
el balance contable del banco central, es el efectivo en manos del público y
los bancos, más los depósitos de la banca privada, no suma la oferta monetaria
que es realmente el dinero que está en el mercado. No importa si esto no queda
suficientemente claro, el ejemplo que viene a continuación te lo podrá aclarar
mejor: el dinero solito se multiplica. Cada vez que en algún Banco se recibe un
nuevo depósito se produce el milagro, el Banco A debe realizar una reserva, del
antes citado encaje bancario, que por ejemplo es del 10%, el dinero restante lo
presta al público, particulares o empresas. El dinero acaba nuevamente
depositado en otro Banco B en el cual se repite el ciclo. De esta manera crean
dinero los bancos. De 100, miles, millones de euros o dólares o lo que se
quiera, el Banco A inmovilizó en el encaje bancario 10 y el resto 90 lo destinó
a ofrecer préstamos. Cuando este nuevo préstamo se depositó en el Banco B
repitió la operación, inmovilizó 9 y destinó a prestamos 81. El Banco C más de
lo mismo, inmovilizó 8,1 y prestó 72,9, y la rueda sigue.
Conocido el pan y el efecto multiplicador de los peces
podemos cuantificar el volumen del milagro. Me imagino que a esta altura ya
intuyes como sigue la historia, probablemente no sepas el final: en las diez
primeras rotaciones se ha creado un deposito inmovilizado de 65,1 y se han
ofrecido préstamos por 651,3. Cuando con más rotaciones se logra crear un
depósito inmovilizado de 100 se han otorgado préstamos por un monte total de
1.000. Se cuenta, se dice, que los bancos prestan el dinero que tienen
depositado de sus clientes. Debe de ser parcialmente cierto pero cuando la
música deje de tocar y la fiesta se acabe, no todos los que estén bailando
alrededor de las sillas encontraran acomodo. Hay más bailarines que sillas,
tantas como apuntes contables del debo y debe que dinero en circulación en una
proporción de 1 a 9, Exactamente igual a los 100 inmovilizados que responden de
los 1000 otorgados en préstamos. Pero todavía hay algo más que añadir a este
ejemplo de un coeficiente de caja del 10%, es decir, 100 están inmovilizados en
liquido para atender las disposiciones que soliciten los clientes, pero la
realidad es algo distinta tan sólo se responde, por ley, en liquido del 2% de
depósitos. Dicho a la pata llana: 20 de cada 1000.
Conviene puntualizar que para explicarlo de una forma
simplificada se ha recurrido a una cadena de la recepción de un préstamo por un
cliente y acto seguido lo deposita en otra entidad bancaria. Para el efecto que
se trata de explicar es lo mismo. Cuando una empresa o un particular, obtiene
un crédito de un banco, el monto del préstamo se registra contablemente y al
desembolsarlo el cliente lo utiliza para su consumo e inversión. El dinero que
al ser girado va a otro punto del sistema financiero que al depositado en las
cuentas de los proveedores: prestadores de servicios y los productores de
bienes, depósitos que nuevamente son prestados y realizan el mismo ciclo. El
resultado final es el mismo, sin la participación del banco central se ha
creado dinero.
Es determinante aclarar que cuando se desata una crisis
bancaria es casi imposible de detener. Más todavía, para ser más precisos esta
es una crisis de deuda y ha sido provocada por los propios bancos. Cuando todo
ha ido bien el sistema fraccionario, comentado en este post, ha servido de
vitamina de caballo, pero en estos momentos no es más que una lavativa que
actúa a la inversa. Es inevitable que una cosa lleve a la otra y si por
desconfianza el público cambia de una manera radical la costumbre con la cual
se retira el efectivo de los bancos no hay forma de hacer frente a este
problema. Ni tan siquiera es un problema porque no tiene solución. La única
forma de lograr hacer frente al milagro de los panes y los peces, pasa a ser la
psicología, es decir, actuar sobre el pensamiento de las personas haciéndoles
creer que las vacas vuelan y que nunca existió el corralito argentino. El
dinero, físicamente no existe. Si algo quita el sueño a los banqueros son las
colas de los impositores a las puertas del banco. En contrapartida si algo debe
de quitar el sueno a los ahorradores o depositantes de los cuatro duros que
tienen para ir tirando es oír cada día al gobierno de turno unas noticias,
desde hace más de tres años, que van a piñón fijo de que se debe de pagar la
deuda por encima de todo, que se arruine el país antes que se arruinen los
bancos. No queda otra cosa, que cada uno actúe con su responsabilidad, al fin y
al cabo cada uno es dueño de su dinero. Este post lo podríamos dejar aquí para
todos aquellos que circulan con urgencia por la red. Para los que no he agotado
su paciencia todavía un poco más.
La purga de Benito
El asunto es delicado y asumo la responsabilidad al
difundir que el dinero en el banco peligra. No soy un alarmista ni tengo
ninguna pretensión de inquietar a nadie, tan solo aportar una información con
datos y números en la mano para evitar males mayores a la ciudadanía, lo demás,
el país, las grandes empresas, los bancos, el gobierno y todo un carrusel de
instituciones me importan un pito. Espero que quede lo suficientemente claro.
No obstante, me acuso, ya que no sé explicarlo de otra manera, de mezclar
información, opinión, y un cierto recochineo, pero así y todo no queda alterada
la verdad. Al menos lo que yo puedo entender como cierto. Me he acordado, en
este momento, del legendario Benito que cuando aún estaba en la farmacia, el
purgante que le recetó el médico ya le estaba haciendo efecto a él. Dicho esto,
volvamos a los efectos secundarios del sistema de reserva fraccionaria que si
bien actúa como potente reconstituyente cuando el dinero circula alegremente
también es válido destacar que este proceso se da en sentido inverso, en el
caso de retiro de depósitos que no sea compensado por nuevos depósitos. El
efecto ya no es multiplicador. Consecuentemente es fácil deducir que si una
persona guarda su dinero entre el colchón interrumpe el efecto multiplicador.
Es lo mismo que sacarlo del sistema y refugiarlo en un colchón llamado paraíso
fiscal, pasa lo mismo cuando las grandes corporaciones y los grandes bancos
extraen de su balance contable ingentes cantidades de dinero y sutilmente lo
sitúan fuera del alcance de las despistadas autoridades del control monetario.
Es del todo intolerable que la chaladura de los bancos en
su alocada carrera por conseguir un tamaño mayor la tenga que pagar la
ciudadanía, los errores cometidos al traspasar el sentido común del
endeudamiento se suma ahora un incremento de la morosidad y de créditos
impagados que conlleva a la vez la restricción del crédito y a una menor
circulación del dinero, a todo esto hay que añadir la retirada de fondos de los
depositantes. Los fabricantes y vendedores de cajas fuertes no ven aparecer la
crisis por su sector, algo debe indicar esta manifestación. La gente cada vez
se ha vuelto más precavida y mantienen su dinero fuera del sistema bancario. La
reserva fraccionaria crea una distorsión, pues la concesión de préstamos no
están soportados por los depósitos de los clientes. Es un suma y sigue de lo
explicado en anteriores post donde se constata la expansión artificial del
crédito. En definitiva toda esta multiplicación de los depósitos es equivalente
a la emisión de billetes de banco sin respaldo, Los depósitos de los clientes
son anotaciones en cuenta, números en un ordenador gigante donde lo irrefutable
es que tienes domiciliada la nomina y además aportas religiosamente los pagos
de la cuota de la hipoteca como otros varios pagos efectuados con la tarjeta de
débito, o para extender talones. Tu dinero es de verdad mientras no lo ingreses
en el banco donde, por arte de Birlibirloque, se transforma en un apunte,
Tiene que llamar la atención que se manifieste
reiteradamente que un banco no se fíe de otro banco y en consecuencia el
mercado interbancario este muerto y se obtenga la liquidez a través del Banco
Central Europeo como última instancia. Al perecer, y este es un indicio más, no
todo marcha bien en los bancos, ya no existe el supuesto día siguiente donde
habrá nuevos ingresos de sus clientes en sus cuentas corrientes que contribuyan
a restituir la normalidad. Todo se apuesta en la captación de nuevos depósitos
ofreciendo altos tipos de interés que así y todo no llegan. El sistema paga las
consecuencias de su mala cabeza, Espero haber cumplido la pretensión de
explicar como los bancos hacen dinero de la nada, el milagro aparte de ser un
fraude, legitimado por el Estado, pero fraude al fin y al cabo. Parece evidente
que el sistema de reserva fraccionaria interfiere gravemente en el mercado de dinero
y de crédito, siendo una de las principales causas de los ciclos económicos de
expansión y depresión, En definitiva, los bancos y cajas actuando dentro del
sistema financiero y operando con reserva fraccionaria, pueden multiplicar
varias veces los depósitos iniciales de sus clientes. Todo ello partiendo de la
nada. Dicho como se tendría que decir, el mangoneo fraccionario equivale a la
falsificación de moneda pero sin consecuencias penales por obra y gracia del
privilegio que se les ha otorgado a los bancos.
Para acabar sería bueno una reflexión de lo que hoy
conocemos como dinero. Del metal oro hemos pasado al papel moneda y de este al
apunte contable en el ordenador gigante de un banco. Los economistas sostienen
que el dinero, a pesar de ser una cosa con nulo valor intrínseco, algo que
carece de valor en si mismo, contiene la promesa de un reintegro, de ser
cambiado por otro algo considerado útil o deseable. Es una descomposición de la
permuta primitiva donde quien entrega un bien, en vez de recibir otro a cambio,
adquiere un poder adquisitivo generalizado que extiende el mercado en el tiempo
y, por ello mismo, funciona como depósito de una capacidad potencial. El hombre
actúa en un medio social al cual aporta su actividad y su esfuerzo. El dinero
es el signo de un crédito contra la sociedad a través del cual el actor social,
convertido en acreedor del mercado, puede reclamar el justiprecio de su
aportación mediante una contrapartida de mercaderías y servicios mediante la
cual la sociedad deudora le compensa o reivindica. De hecho, desde el punto de
vista económico, el valor del dinero consiste en la suma de bienes y servicios
producidos por una nación, en la relación de la cantidad de dinero ofertado y
su velocidad de circulación con la oferta de servicios y cosas susceptibles de
ser adquiridas. Para percatarnos del valor del dinero, su velocidad de
circulación y los bienes susceptibles de ser adquiridos, nada mejor que una
anécdota sobre la fantasía monetaria. Dice así:
La corta historia de un billete de 100 dólares. Un
ejecutivo en viaje de negocios llega temprano a un pequeño hotel donde se aloja
habitualmente. Junto al libro de registro entrega como depósito un billete de
cien dólares. Mientras el huésped se dirige a su habitación, aparece en la recepción
un fontanero que pretende cobrar una reparación que había realizado en el
edificio. El dueño del hotel se excusa explicándole que le era imposible
cancelarle la totalidad de la factura ya que debido al mal tiempo no ha
recibido turistas. Sin embargo, pudo darle un anticipo de cien dólares como
pago a cuenta, entregándole el billete que no había llegado a depositar en caja
y prometiendo pagarle el resto en la siguiente semana. El fontanero, padre de
muchos hijos, fue inmediatamente a gastarse los cien dólares en alimentos y
útiles escolares. El propietario del establecimiento, que festejaba su
aniversario de bodas, le pidió a su ayudante que asumiera momentáneamente el
mando del negocio porque estaría ausente media hora. Tomó el billete en sus
manos y se dirigió hasta la joyería donde compró un anillo de oro por el valor
de cien dólares como regalo para su esposa. El joyero había contenido durante
largo tiempo sus deseos de acogerse a los favores de una joven prostituta con
gran poder de seducción. El buen hombre como en los últimos tiempos le había
ido muy bien en el negocio y ya había adquirido todo el material necesario para
los nuevos engastes, pensó que bien podía permitirse tan saludable placer. La
mujer de la vida cobro cien dólares por sus servicios, pero en aquel momento
entro intempestivamente su novio, un prometedor pintor acosado por la penuria
económica propia de su vida bohemia, que pidió prestados cien dólares para
afrontar sus deudas. Resulta que el dueño del hotel era un amante del arte y ayudaba
a los nuevos artistas suministrándoles habitación y comida durante largas
temporadas, cuya cuenta podían cancelar con cuadros o cómodas cuotas
fraccionadas. Mas como el joven pintor deseaba amortizar sus deudas, pero
necesitaba sus cuadros para una próxima exposición, se traslado al hotel y le
entrego a su dueño el billete de cien dólares. Mientras esta historia de vidas
coincidentes más que paralelas se desarrollaba tan vertiginosamente, el viajero
decidió telefonear a un viejo amigo desde la habitación del hotel. El amigo,
entusiasmado por el reencuentro, le reprocho que no hubiese ido directamente a
su casa y tomaría como una ofensa si no abandonaba inmediatamente el hotel y
ocupaba el cuarto de huéspedes en su casa. El viajero descendió a la recepción
y explico al dueño del hotel lo sucedido: “Lo siento mucho, pero no me quedo
con la habitación. He recibido una invitación que no puedo rechazar para
hospedarme en casa de un amigo”. Como se trataba de un cliente formal y
cumplido, el hostelero le dijo sin dilación que no tenia por qué preocuparse y
que podía desalojar la habitación sin cargo alguno, devolviéndole el deposito
de cien dólares que había recibido, por lo que tomo el billete que acababa de
recibir del pintor y se lo entrego al viajero, quien volvió a colocarlo
exactamente en el mismo sitio de su billetera de donde había salido apenas
algunas horas antes.
Sabemos que la teoría monetaria incluye en sus ecuaciones
matemáticas la velocidad de circulación como una variable significativa en la
determinación del valor del dinero. Y a pesar de que nuestra anécdota trate
precisamente de eso, la vertiginosa velocidad con que el billete regreso a su
dueño original, la extrema sencillez de su mensaje, su rudimentaria y elemental
imagen de la transacción económica, plantea un interrogante básico: ¿Que es
realmente el dinero? Sabemos que es algo cuyo intercambio tiene que ver con la
satisfacción de las necesidades y las aspiraciones humanas. Es algo cuya
presencia o ausencia tiene efectos tangibles sobre la realidad. Debe de ser
así, cuando el fontanero, el del super, el joyero, la prostituta, el pintor y
el hotelero saldaron sus cuentas mientras el billete volvía, a la velocidad del
rayo, a la cartera de su dueño.
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